20/8/14

Reseña de LAS EXTRANJERAS, de Sergio Olguín

Reseña publicada en Ideas de Izquierda

Dos turistas extranjeras, Petra y Frida, son asesinadas después de una fiesta de alta sociedad en el pueblo ficticio de Tucumán, Yacanto del Valle. Las chicas aparecen tiradas con signos de haber sido golpeadas y violadas. La protagonista de esta historia es la periodista Verónica Rosenthal por varios motivos: por su amistad con las turistas (a quienes conoce durante sus vacaciones), por su investigación periodística, y por los lazos que la unen con los diferentes actores de una red de impunidad que intentará encubrir a los culpables.
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia; así suelen introducirse muchas ficciones. Nada de eso podría decirse de Las extranjeras, de Sergio Olguín. Este policial, segunda entrega de la saga de la periodista Verónica Rosenthal(1), no solo no evade los puntos que se tocan con la realidad sino que se alimenta de ellos.
La historia de Las extranjeras nos trae a la mente uno de los femicidios recientes más “famosos” de Argentina: la violación y el asesinato de las turistas francesas Cassandre Bouvier y Houria Moumni en Salta en 2011. Pero también recuerda el asesinato de María Soledad Morales en 1990 y el de Paulina Lebbos en 2006 (por mencionar los más conocidos). Petra y Frida comparten con Cassandre y Houria su calidad de extranjeras y la muerte violenta encontrada en un viaje por el norte argentino. Con María Soledad y Paula, ambas también asesinadas en provincias del Norte (Catamarca y Tucumán respectivamente), comparten además los lazos que unen sus muertes a los poderosos y sus fiestas de niños ricos. Y por sobre todos los detalles, lo que hace de Las extranjeras un caso tan real como cualquiera, es la impunidad que rodea la vejación y el asesinato de mujeres en Argentina.
El policial negro es reconocido como vehículo de denuncia de los conflictos y problemas de la sociedad capitalista actual, en decadencia y plagada de miserias. A propósito de este rol, que supo tener el periodismo denuncialista hace varias décadas, el escritor Ernesto Mallo decía en una entrevista para Ñen 2012: “…la novela policial, esencialmente la novela negra, que se mete con temas políticos y sociales, es la que dice la verdad. La dice a través de la mentira, a través de una ficción”.
La investigación de Verónica es la hoja de ruta del libro, que comienza con el crimen de Frida y Petra, pero termina remontándose a la dictadura y los primeros años de la democracia, para develar la ominosa impunidad que gozan militares, policías y empresarios (para esta reconstrucción es imprescindible el aporte del personaje Robson, un periodista veterano de la zona). En ella se encarna la búsqueda de la verdad, y en esa búsqueda aparece el tejido de impunidad, que lectoras y lectores sospechan desde el primer momento, por conocimiento de causa. La investigación está formateada por supuestos indispensables: el policía es corrupto, el juez, el rico y el militar coinciden en el club, el gobernador y los funcionarios embarran y obstaculizan cualquier hallazgo o aproximación a la verdad.
Los obstáculos a superar dan un panorama de las irregularidades que contaminan cualquier investigación real. Cumpliendo uno de los requisitos del policial negro, Las extranjeras habla de la sociedad en la que se escribe y adquiere características particulares de origen: todo policial negro argentino que se precie de tal deberá chocar tarde o temprano con la poca o nula legitimidad de la Policía como institución capaz de llevar adelante cualquier investigación. Por eso los protagonistas policías son más bien exóticos en la versión argentina del género. A esta falta de credibilidad se suma la participación necesaria de la policía en negocios como las redes de trata y prostitución o el narcotráfico. En Las extranjeras a esto se le suma el evidente entramado político, donde se juegan los intereses de las diferentes fracciones de los partidos políticos de la provincia. La inacción de los jueces y la sobreactuación de los fiscales para las cámaras que completan la escena, parecen sacados de cualquier expediente real.
La novela, aunque exagera (incluso para la ficción) las buenas intenciones de algún funcionario o policía, no puede evitar mostrar la red de impunidad que se despliega casi automáticamente cada vez que uno de los miembros de ese “club exclusivo”, que son los varones de las clases altas, es atacado. La impunidad asfixia durante todo el relato. Y quizás sea esa asfixia uno de los impulsos de la exageración del perfil de Superchica que da por tierra con las mejores características del personaje de Verónica, y la enfrenta a situaciones tan imposibles como innecesarias para la trama.
Los femicidios, la prostitución y la trata son tópicos que vienen ganando terreno, reflejando el trágico crecimiento de la violencia contra mujeres y niñas en un mundo irónica y aparentemente más “igualitario”. Las novelas policiales quizás renuevan su atracción porque le permiten a la sociedad mirarse en el reflejo más atroz. Como dice Verónica Rosenthal: “En los femicidios hay un autor intelectual que no va a ser condenado nunca y es la sociedad que los tolera y los naturaliza”. El femicidio funciona, en una sociedad patriarcal, como una forma de “ajusticiar” al género femenino, un disciplinamiento que actúa sobre todas las mujeres. Por eso también es interesante que la novela se meta con otros problemas como la naturalización de la violencia en las relaciones, la sexualidad y los prejuicios. A propósito, no es posible pasar por alto la figura de Federico, que encarna en la novela todo lo que tira a Verónica para el lado de “tradición, familia y propiedad”.
Abogado y representante del estudio de su padre, Federico también es, o quiere ser, el novio perfecto (con potencial de marido), que aleja a Verónica de las aventuras sexuales y amorosas (aunque esta versión es mucho menos “aventurera” que la de La fragilidad de los cuerpos).
Volviendo a la investigación, el corazón de Las extranjeras, un pasaje de la novela da en el centro de gravedad de ese reflejo atroz, quizás una de las mejores sensaciones de Verónica Rosenthal, pocas veces tan cerca de la verdad como en este diálogo con su editora:

—Imaginate una comunidad dividida por una ruta peligrosa, que debe ser cruzada cotidianamente. ¿Qué posibilidad estadística hay que te atropelle un auto?
—Y… muchas.
—Por más cuidado que pongas, por más que mires a los costados, siempre te pueden pisar y, de hecho, va a haber siempre algún atropellado. Bien, ¿qué posibilidad tenés de que te violen y te maten en un lugar como Yacanto del Valle si sos mujer y te movés sola?

Bs. As., Suma de Letras, 2014.

(1) El primer libro de esta saga, que según Olguín tendrá varios tomos más, es La fragilidad de los cuerpos, donde Verónica investiga una serie de muertes en los ferrocarriles.


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